(uk) THE GUARDIAN SE CONVIERTE EN TABLOIDE

El periódico bandera de la izquierda británica decidió seguir el camino de The Times. Tras una larga década de férreas resistencias y con la excusa de ahorrar “millones de libras” en papel se ha consumado la metamorfosis acompañada de un update de la versión digital.

The Guardian ha encogido su formato y se ha hecho tabloide. El periódico bandera de la izquierda británica ha decidido seguir el camino de The Times y del extinto The Independent, tras una larga década de férreas resistencias y con la excusa de ahorrar “millones de libras” en papel, según su directora Katharine Viner, que ha consumado la metamorfosis (acompañada de un update de la versión digital).

El nuevo formato ha sido acogido con división de opiniones entre los guardianistas, habituados al formato berliner (algo más pequeño que el sábana que utilizaban los periódicos de calidad británicos) que adoptó en el 2005 el entonces director Alan Rusbridger, reacio a adoptar el formato tabloide por el “encogimiento” de los textos y de los contenidos.

Viner asumió sin embargo el mando en 2015 con la doble misión de consumar la implantación digital de la cabecera y la transformación de la edición impresa, que ha ido reduciendo su tirada hasta los 146.000 ejemplares. El Guardian Media Group, que incluye también The Observer, mejoró sus resultados en el último ejercicio y redujo notablemente sus pérdidas, estimadas aun así en 45 millones de libras anuales (51 millones de euros).

“Claridad” e “imaginación” han sido, según Viner, las dos consignas a la hora de adaptar The Guardian al nuevo formato, que sigue sin embargo el camino trillado por The Times. El periódico de 68 páginas se divide esencialmente en tres bloques: noticias, opinión (Journal) y reportajes (con el cuadernillo G2 reconvertido en páginas centrales).

La primera portada de la nueva era de The Guardian está consagrada al salto a la política de Chelsea Manning. Una entrevista con Tamara Burke, la activista que impulsó #MeToo, una tribuna de Bernie Sanders y las confesiones de Michael Wolff, el autor de Fuego y furia, son los grandes temas de una edición con claro sabor americano, con la crisis de la sanidad pública y la caída del gigante de la construcción Carillion como temas locales.

Pese al empeño en mantener vivo el espíritu de The Guardian, la impresión inicial es la de una inevitable nostalgia por formato perdido. Las noticias se suceden con un “desorden” similar al de The Times, mezclando un desfile de Prada con un caso de pena de muerte en Trinidad y Tobago, anteponiendo una una crítica de cine (Early Man) a la sección Internacional, que no llega hasta página 33, con las manifestaciones en Túnez.

Siete meses ha durado el largo alumbramiento del nuevo The Guardian, con la contribución especial del director de arte Alex Breuer, y la premisa de mantener el “estilo visual” de la cabecera, apostando por la fotografía (se mantienen las páginas centrales del Eyewitness) y con el tratamiento tipográfico que la casa.

El cambio de tercio se produce apenas 10 días después de la muerte de Peter Preston, el emblemático director y “modernizador” de The Guardian entre 1975 y 1995, en la antesala de la revolución digital. A Preston le dedica Katharine Viner la nueva era de papel de The Guardian, rubricada el próximo domingo con la nueva edición en formato tabloide de The Observer (a diferencia de The Sunday Times, que se sigue publicando en formato sábana).

“Desde que anunciamos el cambio de formato, hemos pasado por un estimulante período de creatividad”, escribe la directora a modo de tarjeta de presentación. “El resultado es un nuevo periódico audaz, sorprendente y bello, que sigue siendo inconfundiblemente The Guardian”.

Fuente: El Mundo

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