(arg) Crisis de lectores, no de publicaciones

Esta semana con apenas unos días de diferencia, han desaparecido tres publicaciones clásicas de la prensa escrita en español y dos países lamentan estas muertes con no pocas necrológicas de nostalgia. En Argentina El Gráfico, y en España Interviú y Tiempo.

El Gráfico, que estaba a punto de cumplir cien años de vida, llegó a ser la Biblia del fútbol argentino. Los aficionados a este deporte, no solo en Argentina en todos los países de habla hispana, recibían los ejemplares con devoción y hay coleccionistas de esa publicación que exhiben viejos números de la revista como un tesoro.

Interviú y Tiempo en España fueron otra cosa pero también marcaron época. Las dos pertenecían al grupo editorial Zeta y como en el caso de El Gráfico, sus propietarios explican el cierre por la situación económica deficitaria.

Tiempo fue un semanario de información general y análisis político, como tantos de este tipo que aún hoy se publican en varios países del mundo. Pero Interviú tuvo una característica muy española y muy ligada a la coyuntura de la sociedad después del fin de la dictadura. Era una revista con reportajes de investigación y desnudos femeninos que en España llegaron a ser el tema de la semana a finales de la década de los 70 y comienzos de los 80.

En un país que acababa de salir de una férrea dictadura atenta a vigilar la moral y las buenas costumbres, Interviú supuso una verdadera revolución. Por sus páginas pasaron como dios las trajo al mundo, algunas señoras a las que hasta poco antes, era difícil imaginar en semejante situación.

Íconos de la sociedad de la época franquista como la cantante y actriz Marisol (que dejó de llamarse así y se convirtió en Pepa Flórez) aparecieron en aquellas páginas a todo color como estandartes de un fenómeno que los españoles conocieron como el “destape”.

No es de extrañar que los lectores de cierta edad a ambos lados del Atlántico sientan algo de nostalgia con estos dos cierres de publicaciones por la evocación del tiempo que se ha ido, pero veo otro signo de nuestra época en la desaparición de estas revistas: ya nadie lee o se lee muy poco.

Sí, es cierto que las nuevas tecnologías, Internet, las redes sociales y tantas otras cosas han contribuido a la crisis del papel impreso, pero quizá desaparecen cabeceras constantemente como consecuencia de que no hay lectores. Nadie quiere leer un artículo largo completo, impreso o en la red. Ahora solo queremos resúmenes. No queremos leer más que lo imprescindible por el esfuerzo que supone.

Queremos que nos lo den todo cocinado y masticado, cortito, que no suponga mucho trabajo, que no plantee muchas preguntas, que no nos obligue a pensar demasiado. Preferimos el video, que otro nos lo cuente o nos lo lea. Y así no hay publicación que resista.

Todos los medios que cierran siempre anuncian lo mismo: Seguiremos en Internet. Y en la red, ya se sabe, la publicación es otra cosa: un producto corto, volátil, efímero. Elaborado por periodistas cuyo trabajo hoy consiste en alimentar la página sin parar. Por qué extrañarnos de que desaparezcan cabeceras impresas a diario.

Si usted, amable lector, ha llegado hasta aquí, en primer lugar, le doy las gracias. En segundo lugar, lo felicito. Ya van quedando pocos con su paciencia y aguante.

 

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