(col) Héctor Manuel Castro: Periodismo investigativo, una herramienta anti-corrupción

Los primeros “pinitos” en el periodismo transcurrieron para Héctor Manuel Castro en el periódico escolar del colegio Deogracias Cardona y en la sala de redacción de El Diario del Otún, en la Sección “Inspector 41”, cuando solo tenía 15 años. Hoy, este abogado egresado de la Universidad Libre y con estudios de Maestría en Periodismo Investigativo de la Universidad Internacional de La Florida, labora desde hace seis años como productor del canal CNN en Español. “Mi experiencia en el “Inspector 41” sirvió para enamorarme del periodismo”, dice Castro quien estuvo la semana pasada en Pereira como expositor en la jornada “Ciudadanía Activa en Risaralda: Ciudadanos al cuidado de lo público”, convocada por Transparencia por Colombia y el Sistema Universitario del Eje Cafetero, Sueje.

¿Porqué estudió derecho y no periodismo?
Yo empecé a estudiar fue derecho, porque me decían que periodismo lo podía hacer al otro lado. Pero siempre tenía la llama de escribir, de narrar, de denunciar y por eso esa plataforma del “Inspector 41” a mí me encantaba, era una voz ciudadana para denunciar los maltratos de los dirigentes locales. También comencé a participar como columnista a nivel local y nacional, e incluso a algunos periódicos extranjeros. Me gradué, litigué durante dos años y tuve que partir a Estados Unidos.

¿Allí ejercició su profesión?
No, allí perdí mi carrera de derecho porque son leyes diferentes. Me tocó empezar desde cero, además sin inglés. Así que trabajé como cualquier inmigrante en Estados Unidos como ayudante de mesero, en construcción, en cocinas, en seguridad. Pero me echaban de todas partes, porque soy torpe y nervioso. Además por la carencia del inglés, no entendía el mensaje y cometía cada torpeza.

¿Cuándo ingresó a la academia en Estados Unidos?
En el 2007 tuve la oportunidad de hacer la maestría en la Universidad Internacional de La Florida en Miami, conseguí trabajo en un canal de televisión como productor y reportero. Cuando terminé, me ofrecieron trabajo en El Paso (Texas), la frontera con Ciudad Juárez (México), la que en ese momento estaba muy caliente tanto que entre el 2007 al 2011 era considera la ciudad más peligrosa del mundo. Yo acepté el cargo porque era la Agencia de Noticias EFE de España y me pareció una buena oportunidad. Además siempre he sido un tipo arriesgado y no le temo mucho a la muerte. Estuve allí tres años laborando para la agencia de noticias y un periódico local y seguía escribiendo mis columnas.

¿Cómo se dió su vinculación a la cadena CNN?
En el 2012 CNN en español me hizo un llamado porque estaban contratando un productor para uno de los programas estelares del canal y después de cuatro meses de entrevistas me vincularon al cargo. El programa se llamaba “Cala” y era dirigido por Ismael Cala con personajes que estaban sembrando una semilla en el mundo, no necesariamente conocidas, pero sí con historias de vida profundas.

¿Cuál es su labor ahora en CNN?
Ismael Cala ya no está en el canal, pero el programa sigue su curso bajo el nombre de “Camilo” con la orientación de Camilo Gaña, un periodista cubano muy reconocido internacionalmente, yo soy el productor. Y produzco también un programa dominical llamado “Fuentes confiables” con Fernando del Rincón, un periodista mejicano.

¿Porqué su presencia en este foro sobre “Ciudadanía Activa”?
Recibí la invitación de Transparencia Colombia para participar en una charla sobre corrrupción y el rol de los medios de comunicación frente a este flagelo que nos afecta a todos.

¿Desde afuera como se ve esta problemática en Colombia?
Es muy preocupante. Pero hay algo sobre lo que llamo la atención y es la necesidad de impulsar el periodismo investigativo, que es la columna vertebral de la lucha de los medios de comunicación contra la corrupción. Recuerda el caso de los Papeles de Panamá, originado por la llegada a un periódico alemán de millones de documentos que no podían manejar y los pasaron al Consorcio Internacional de Periodismo Investigativo de Washington en donde 370 periodistas de todo el mundo, en 25 idiomas, revisaron 11.5 millones de documentos con pruebas que involucraron decenas de personas y gobiernos.

¿Pero es muy peligroso este tipo de ejercicio periodístico?
Hay una cifra del Instituto Internacional de Prensa que dice que en el 2017, en el mundo fueron asesinados 82 periodistas por ejercer esa labor, dos de ellos en Colombia. Cifra pequeña en comparación con años anteriores, pero muy preocupante, y es la primera vez que en diez años es menor que cien.

¿Sin embargo hay un gran auge del periodismo investigativo?
Si, lo ha tenido. Pero siento que no hay apoyo para el periodismo investigativo en Colombia. Y hay que aplaudir todas estas iniciativas de las unidades investigativas de los medios, en donde hay un buen periodismo, pero debería ser más expansivo, sobre todo a nivel local. Lastimosamente vemos comunidades pequeñas, étnicas, indígenas, de género e incluso mujeres y niños que no tienen los espacios suficientes para hablar de sus preocupaciones y de como los afecta como sociedad. Ahí es donde se necesita el periodismo investigativo, pero creo que hay mucho miedo y se sesga mucho la profesión.

¿Cómo se puede superar eso?
Yo he estado amenazado de muerte, a raiz de mis investigaciones en Texas y en Ciudad Juárez. Sin embargo ese proceso se puede superar con mecanismos de control gubernamental y protección del Estado a los periodistas. Hay algunos que no se atreven a denunciar lo que saben por miedo a que los maten, sin mencionar a otros ciudadanos que están trabajando socialmente y son víctimas de homicidios.

¿Pero una ciudadanía más activa puede ayudar a superarlo?
Frente a la problemática de la corrupción, el ciudadano está mal acostumbrado a señalar con su dedo a los entes gubernamentales y a los servidores públicos. Es claro que ellos tiene una responsabilidad mayor, pero está debe ser medida de acuerdo con la capacidad de poder y de mando. Uno de los problemas de la corrupción es que nos vanagloriamos de la mal llamada “malicia indígena” que nos lleva a pensar que somos más inteligentes si obtenemos mayores beneficios en menor tiempo. Y buscamos la manera de aprovecharlos de los otros y de las situaciones: sale la ley y ya está hecha la trampa.

¿Con una justicia con altos niveles de corrupción, esa tarea es muy difícil?
Una de las definiciones de corrupción, dice que es el no cumplimiento de la ley. Y cuando se sistematiza en una sociedad, hay ausencia del estado derecho, violación de derechos humanos y un sinnúmero de problemas que llevan al ciudadano al desencanto por falta de confiabilidad en las instituciones, como en el Congreso por ejemplo. Recuerda que en Inglaterra hace poco un Ministro renunció porque llegó tarde dos minutos, si eso pasa en Colombia no tendríamos Congreso. Aquí no solo llegan tarde sino que se van a dormir a las sesiones.

¿Nos acostumbramos a vivir con la corrupción?
Esa falta de confiabilidad ha sido permisiva y nos hemos acostumbrado a la corrupción, ya no denunciamos, como nos acostumbramos en la década de los 90 al terrorismo y al narcotráfico.