(cuba) El periodista Rolando Ramírez en la memoria de sus colegas camagüeyanos

Por Arailaisy Rosabal García/ Radio Cadena Agramonte.

Rolando Ramírez es un nombre bien conocido entre los periodistas camagüeyanos. Es así como se llama el Premio a la Obra de la Vida que año tras año, en la primera quincena de marzo, se entrega a consagrados del sector en la provincia durante la jornada por el Día de la Prensa cubana. Sin embargo, son pocos los jóvenes, mayoría actualmente en las redacciones informativas, que conocen detalles del hombre detrás de tanto nombre.

Incluso, quienes ya esconden canas bajo algún tinte, no sabían hasta hoy que Ramírez, como lo bautizaron sus compañeros de trabajo y amigos, fue, mucho antes que periodista del Adelante y director de la corresponsalía en Camagüey de la Agencia Cubana de Noticias, un hombre de Radio.

“Cuando se habla de Rolando —aclaró ese otro decano del periodismo que es Pedro Paneque— no siempre se hace referencia a su paso por la Radio, y fue en este medio donde se hizo y se creció como periodista; primero como una de las voces comprometidas de Radio Legendario, y después, en Cadena Agramonte, donde fue director del Noticiero Provincial de Radio y uno de los mejores editorialistas que he conocido, tanto con la pluma con la voz”.

Así lo (re)descubrimos este sábado en un conversatorio con algunos de sus colegas y su hija Teresa. Ella, que no pudo evitar ni las pasiones ni las emociones, nos habló de un padre en extremo cariñoso, apasionado por la lectura, dedicadísimo a su trabajo, pero sin faltar nunca al hogar; y sobre todo, muy revolucionario.

“En nuestra casa lo que más abundaban eran los libros. Los días que llegaba temprano, apenas descansaba un rato, se ponía a leer. Esa pasión nos la supo inculcar a cada una de sus tres hijas; a quienes nos pedía como una única obligación, estudiar siempre. Él nunca se permitió ir a dar una clase o impartir un curso sin antes prepararse. Era un acérrimo enemigo de las improvisaciones”.

Y es que Rolando Enrique Ramírez Hernández llevaba a la par de su trabajo periodístico otros, como el de Jefe del Grupo de Orientadores Políticos del Comité Provincial del Partido Comunista, profesor de la escuela de corresponsales de prensa Ángel Boan Acosta, y uno de los jefes de la Campaña de Alfabetización en Camagüey.

Precisamente de su magisterio empírico hablaron quienes lo conocieron. Enrique Atiénzar, con quien compartió años de trabajo, recuerda que, aún siendo autodidacta, tenía un conocimiento vasto del idioma.

“Cuando uno lo veía sacarse el bolígrafo del bolsillo de la camisa, había que prepararse para lo que venía: una lluvia de correcciones, pero para nada mal intencionadas; lo hacía enseñándote, y de tal formaba, que lograba convencerte”.

Otra consagrada del periodismo camagüeyano, la ya jubilada Raysa Mestril Gutiérrez, recordó cómo en aquellos años en que la corresponsalía de la entonces Agencia de Información Nacional —de la cual él era director— y Cadena Agramonte compartían oficinas, siendo ella una recién graduada, acudía a Ramírez para que le revisara sus cuartillas. “Y nunca puso reparos”.

Por supuesto, en este diálogo no podían faltar referencias al Ramírez jovial, disfrutador de fiestas, amantísimo de su señora esposa; al hombre que lucía impecable, al que nunca pudieron ver despeinado, al punto de ganarse el apodo de Kiko Plastic, como los peines de la época. “Ni de nosotras –confesó Teresita- se dejaba tocar el pelo. Solo los nietos, tal vez por eso de que los abuelos dejan hacer a ellos lo que no les permitieron a sus hijos, lograron un día despeinarlo”.

Y así, entre memorias, risas y emociones, supimos del orgullo de ostentar un premio con su nombre, y del compromiso que entrañan hombres como Rolando Ramírez Hernández, a quien le debemos más de un conversatorio; una deuda que intentaremos saldar este año cuando se cumplen dos décadas de su partida.