Las redes sociales cambiaron al periodista

Hace un par de años, se decía que los medios y sus trabajadores enfrentaban varios desafíos causados por las nuevas tecnologías y la llegada de nuevos espacios impulsados por internet. Es cierto que el periodismo experimentó cambios considerables relacionados con las transformaciones sociales, culturales, económicas y tecnológicas, pero más allá de eso, quien cambió fue el periodista.

No tengo la menor duda de que las redes sociales aportaron nuevas características como el diálogo interactivo y las relaciones sociales. Para eso se crearon Twitter, Facebook, Linkedin y muchas otras. Con el tiempo, los periodistas comenzaron a tener conversaciones reales con su audiencia. Un feed back, dirían los clásicos. La comunicación tradicional unidireccional se convirtió en conversaciones bidireccionales. Los debates en línea comenzaron a establecerse para que todos pudieran expresarse, y ahí empezó todo. Inició la crítica sobre si las redes sociales han dado un significado real a lo que es la libertad de expresión. Es cierto, en la historia, expresarte nunca ha sido tan fácil. Pero, ¿hay límites?

Twitter es una red social que muchos usamos, principalmente los periodistas, pues permite contactar con personas que nunca podríamos ver en persona. También es una buena manera de obtener historias de última hora tan pronto como suceden. Es una buena herramienta, más no una fuente.

Los periodistas a menudo usan su cuenta de Twitter para mostrar a la audiencia que son seres humanos. Es cierto que puede mejorar la simpatía de algunos y desempeña un papel clave en la forma en que interactúan con su público. Sin embargo, cuando se pervierte la labor social del periodismo con el protagonismo, cuando se saca lo peor y se comienza a atacar, a creer que son parte del juego político, a olvidar que son mediadores y no jueces, cuando se tiene un doble discurso entre lo que se dice en las redes sociales y lo que llevan en su medio, cuando se opina de todo “porque son periodistas”, se va al carajo todo. Y peor aún, cuando quieren ser influencers de las redes, y se alegran porque están en la listas de los diez favoritos de la gente, todo el profesionalismo se ha perdido. Hay muchos que inclusive descuidan su verdadera labor social como trabajador de un medio, y no sueltan el teléfono para subir a sus redes tal cual cantidad de opiniones que en muchas ocasiones dan pena ajena.

La convergencia entre la vida personal y la profesional, en Twitter, por ejemplo, es un signo significativo de que se han perdido en las redes sociales. Sí, las organizaciones de noticias conocerán a sus lectores, a sus fuentes, mucho más que en persona o con los comunicados de prensa, porque ahora todos comentan, para bien o para mal, lo primero que leen, aún sin conocer del tema.

Un nuevo problema que han planteado las redes sociales es que hay demasiadas noticias, y demasiados sabelotodos que se hacen llamar periodistas. Y créanme que hay muchos tiranetas de la vieja guardia que han olvidado la esencia del reporteo, y creen que su opinión es importante para sobresalir en un mar de ingenuos. El público no siempre puede darse cuenta de la veracidad de las noticias o de las opiniones que ven en Twitter o Facebook. ¿En qué organización de noticias deberían confiar? ¿En qué gente? Sí, la forma de consumir noticias en el mundo ha cambiado. Antes la pregunta era ¿quién es el periodista? Hoy la pregunta debería ser ¿quién es el filtro de la publicación?

Las compañías de noticias y sus “periodistas” están abandonando sus capacidades de producción y buen contenido por la inmediatez, por ser “el primero”, por dar de qué hablar en las redes, aún así se equivoquen. Cambiaron el discurso del hecho informado y comprobado por el “según”, “dice tal”, “en Twitter se señala”, “En el video tal se ve”. Por eso la información en internet ya es poco creíble, y la gente espera regresar a los medios de información tradicionales para conocer la verdad.

Pero, ¿qué pasa cuando los “periodistas” siguen atrapados en esas redes por creer que es lo de hoy, y que si no tienen miles de seguidores en Twitter no pertenecen a ese círculo rojo, y descuidan los medios que dirigen, que editan o donde deberían desbocar su energía y tiempo? Pasa lo que en muchos hoy en día: medios desacreditados y con “periodistas” que son una burla. Ya no se les respeta.

Por supuesto que con responsabilidad y buen contenido, las redes sociales son un gran canal para difundir nuestro trabajo. Hoy un espectador puede estar con un reportero en algún lugar del mundo al instante. El uso del video en vivo en sitios como Facebook, Twitter, Instagram, YouTube o las miles de redes existentes ayudan a incrementar la audiencia de un medio. Pero es para el medio en el que se labora, no para enaltecer una imagen propia que, como periodista, lo da el trabajo bien hecho. Si dejas de considerarte reportero porque ahora eres editor o director, estás fuera de la jugada.