Irán y sus sueños imperiales en medio de la crisis: entre la fantasía y el marketing fallido

Cuando la realidad es demasiado difícil de soportar, la imaginación puede ser el rescate de la desesperación. Esta fue la frase favorita y el mensaje de Thomas de Quincey, un vanguardista de la literatura psicológica. Ese mensaje, al parecer, ha llegado a Irán, provocando una avalancha de sueños de construcción de imperios.

A principios de este mes, el Guía Supremo Ali Khamenei, publicó un manifiesto para la creación de una Nueva Civilización Global Islámica para reemplazar la antigua, que, en la percepción de Khamenei, estaría fuera de tiempo para conquistar el mundo y preparar el regreso del “Imam Oculto”.

La semana pasada, el general Muhammad-Ali Aziz-Jaafari, jefe de la Guardia Revolucionaria Iraní (IRGC, por sus siglas en inglés) afirmó que tiene más de 200.000 soldados bajo su mando en Irak y Siria. Jaafari aseveró que es la primera vez desde el siglo VII que Irán ha tenido un ejército de este tipo desplazado en la región del Levante. Un día después de tales declaraciones, los medios de comunicación controlados por la Guardia Revolucionaria y el aparato del régimen khomeinista publicaron informes sobre un gran plan para conectar el océano Índico con el mar Mediterráneo a través de una súper carretera que unirá el puerto iraní de Chahbahar, en el Golfo de Omán, con el puerto sirio de Latakia. Al mismo tiempo, la prensa del régimen afirmó públicamente y por primera vez, que el presidente sirio Bashar al Assad acordó ceder el control de Latakiya a Irán, al igual que transfirió el control de Tartus a Rusia.

Los informes de los medios oficiales en Teherán manifiestan claramente que ni Irak ni Siria tienen gobiernos soberanos y que ambos están bajo el control de Irán. Así es como el sitio de noticias RAJA, de la Guardia Islámica Revolucionaria, informó que “Irán ve a Irak como una unidad de respaldo económico que garantiza la influencia política y la seguridad de Irán en la región”. El editorial luego afirmó que “Irán controla cinco carreteras importantes en Irak: de Shalamcheh a Basora, de Shib a Meyssan, de Mehran a Badrah, y de Zarbatiyah a Diyala, del mismo modo que lo hace con todas las carreteras en el Kurdistán iraquí”. Esto supone que ni el Gobierno en Bagdad ni las autoridades en el Kurdistán iraquí tienen alguna decisión sobre esa geografía.

En contraste, debido a que Chahbahar ha sido arrendada a la India por 25 años, la Guardia Revolucionaria afirma que la India será incluida en el esquema de socios. Además, según los informes, Rusia también respalda el “gran diseño” iraní porque Moscú sabe que sin la ayuda de Teherán no podrá lograr una posición real en Oriente Medio.

El sueño de Irán no se detiene ahí. La autopista de 3.000 kilómetros de Chahbahar al Mediterráneo se ampliará con una carretera de 800 kilómetros a Zarang en Afganistán y, más tarde, con otra carretera de 600 kilómetros a Asia Central y de allí a China. Por lo tanto, Irán estará en el centro de una Nueva Ruta de la Seda, compitiendo con China en la carretera que está construyendo con una inversión de más de 3 mil millones de dólares estadounidenses.

Las Guardia Revolucionaria aseguró a través de sus medios de prensa que en tan solo unos años el mundo tendrá cuatro superpotencias: Rusia, China, los Estados Unidos e Irán. Y luego, Irán lanzará la siguiente fase de su proyecto para la Nueva Civilización Islámica al destruir primero a Israel y luego a Estados Unidos.

Según el funcionario de la Guardia Revolucionaria, Dr. Hassan Abbasi, también conocido como el “Kissinger del islam”, el único asunto que debe resolverse es si la Casa Blanca en Washington se convertiría en una simple mezquita para todos los musulmanes o en una mezquita exclusiva y solo para los chiítas. “Veo el día en que la bandera del islam ondea sobre la Casa Blanca y nuestros predicadores están invitando a la audiencia a derramar lágrimas por el mártir Imam Hussein”, dijo Abbasi a la prensa en Irán.

Todos estos sueños imperiales de los khomeinistas se despliegan en un contexto de creciente frustración en Irán. Según los últimos informes, unos 2 millones de trabajadores, incluidos muchos en el sector público, no han recibido sus pagos completos en los últimos 14 meses. Ello a pesar de la cosmética que escogió aplicar el Gobierno aprobando un aumento del 20% en el salario mínimo la semana pasada. Pero eso, aun suponiendo que los salarios se paguen a tiempo, cubrirá la mitad del poder de compra que el promedio de los iraníes ha perdido debido a la inflación y la caída del valor de su moneda nacional.

Al mismo tiempo, el país está al borde de la tragedia ambiental, con el secado de más de 200 lagos y al menos 30 ríos. Según el Ministerio de Agricultura iraní, desde 1980, Irán ha perdido cuatro millones de hectáreas de tierra cultivable debido a la desertificación. El desempleo, la inflación desenfrenada y la corrupción generalizada han puesto a Irán en la misma pendiente deslizante que Venezuela.

El escenario fantasioso ofrecido por la Guardia Revolucionaria y sus teóricos está claramente dirigido a ocultar las demandas de los grupos opositores y el descontento de la población, por lo que tratan de presentar a Irán como un Estado-nación normal que persigue intereses legítimos. Aunque los iraníes han entrado en una fase de descreimiento del régimen.

En otras palabras, en sus 40 años de existencia, lo que se conoce como República Islámica no ha sido tan islámica ni tan buena como se pretende promocionar desde la fantasía del marketing que manipula la Guardia Revolucionaria. Es claro que el sistema actual ha puesto a Irán a un punto muerto, y la realidad ha llevado a sus líderes a vivir en un mundo de fantasía que recuerda el viaje psicodélico inspirado en la frase de Thomas Quincey.