Martín Caparrós: “Ahora es aburrido e improductivo discutir en la Argentina”

El escritor y periodista asegura que la gente “sigue afirmando lo que pensaba por más que los datos le digan otra cosa”.

Antes del inicio del Congreso de la Lengua se realizó en Córdoba el Seminario Iberoamericano de Periodismo. Pero el periodismo y obviamente la lengua fueron, son y serán protagonistas de varias de las charlas y plenarios de este Cile que tiene al español en la mira para pensar un poco más allá del uso ortodoxo –o no– del idioma.

La libertad de expresión, las noticias falsas, la política a través de las construcciones mediáticas, la objetividad, las redes sociales, la aparentemente insalvable grieta son temas universales, recurrentes en los plenarios y los debates también fuera de micrófono.

Martín Caparrós es una de las voces que representan a la intelectualidad periodística y literaria argentina, y su presencia acapara la atención de este Congreso. Escritor, columnista en dos de los diarios más importantes del mundo, como El País, de España, y The New York Times, no suele escatimar sus posiciones muchas veces incómodas para los distintos poderes.

Mañana integrará el plenario “Periodismo digital: los retos de una lengua en internet”, junto a Darío Jaramillo Agudelo (Colombia), Patricia Nieto (México), Mario Tascón (España) y Julio Villanueva Chang (Perú).

–A propósito del panel: ¿sos optimista o pesimista con lo que viene (y lo que ya llegó) en la comunicación y los nuevos soportes?

–Me parece que nunca tuvimos tanto y tan buen acceso a la información, al mundo en general, tantas opciones para aprender, para saber, para comunicarnos. Que eso pueda ser mal usado no debería esconderlo ni invalidarlo. También se usó la imprenta, ese invento increíble, para imprimir pasquines amarillos o Mi Lucha o las ofertas del hipermercado.

–Los modos de consumo de contenidos periodísticos muchas veces atentan contra la profundidad, el chequeo de fuentes, y hasta la veracidad de la información. ¿La urgencia por informar y al mismo tiempo impactar nos vuelve menos confiables?

–Es cierto que la urgencia por ¿informar? –por publicar algo en la red, yo diría– nos vuelve menos confiables, y que eso puede achacarse a los nuevos medios técnicos. Pero también es cierto que esos mismos medios permiten que los lectores tengan acceso a tantas fuentes, que se ha hecho mucho más difícil engañarlos, como en los tiempos en que cada uno leía “su” diario y ese diario le armaba el mundo que quería.

–Los medios (no sólo en la Argentina) parecen no salir de la grieta, pero no se ve mucho esfuerzo por hacerlo, y a veces ni por reconocer errores. ¿Hace falta más autocrítica en ellos?

–Si te digo que no, ¿qué hacemos? ¿Me autocritico por decirlo? ¿Y si te digo que sí? Pero a veces creo que, para muchos medios, la famosa grieta resulta un buen lugar para estar, una solución de facilidad. Si salieran, en una de esas tendrían que hacer periodismo, ¿no?

–¿Sentís que ahora hay una lectura más crítica del trabajo periodístico? Eso hablaría de un enriquecimiento del lector (algo que va en contra de lo que se ve muchas veces en las redes sociales).

–Lo decía antes: ahora hay muchas más herramientas para ser críticos. Que las usemos no depende de los medios técnicos o de la calidad de los medios sino de la educación, la cultura media de los ciudadanos. Que es baja, pero no creo que mucho más baja que en otros momentos. No idealicemos el pasado: los buenos medios de prensa, cuando los hubo, siempre fueron minoritarios. Es una pena pero es así. El problema es cuando algún gerente no se resigna a esa realidad y quiere plata y busca la masividad por medios bobos, populismo periodístico. Entonces su medio deja de ser bueno sin conseguir ser más cuantioso.

–Sos la voz argentina de “El País” y “The New York Times”. ¿Significa una responsabilidad mayor saber que la mayoría de lo que esos lectores conocen del país es lo que vos les contás?

–No soy la voz argentina de nada. Soy un fulano que escribe en un par de medios de por ahí, y mi responsabilidad consiste en tratar de averiguar y pensar algo que valga la pena de ser escrito. Y si hay lectores que sólo saben de la Argentina lo que yo escribo, debe ser que la Argentina no les interesa mucho, así que los argentinos podrían hacerlo recíproco, ¿no?

–Tendemos a pensar que la corrupción es sólo nuestra, que la grieta es sólo nuestra. Pasás mucho tiempo de viaje… ¿Somos tan especiales?

–No.

–En una entrevista dijiste que “en la Argentina no hay hechos, sino discursos”. ¿Cuál sería el ejercicio para escapar de los relatos si nunca le creemos a quien no dice lo que pensamos?

–Nunca me hago cargo de lo que dicen que dije en entrevistas, porque no es fácil que sea lo que dije. Pero puedo estar de acuerdo en que aquí se ha vuelto muy difícil establecer ciertos datos básicos y que, incluso cuando se establecen, no le importan a nadie. Cada cual sigue afirmando lo que pensaba por más que esos datos le digan otra cosa –y, en el mejor de los casos, usa algún dato cuando le permite afirmar lo que ya creía de antemano. Es lo que hace que, ahora, sea tan aburrido –y, sobre todo, tan improductivo– discutir en la Argentina.

–¿Alguna vez pensaste que hubiera sido mejor no hablar de ciertas cosas?

–No. Pero no sabés lo mal que canto.

–¿Es un buen momento de la Argentina para vivir fuera de la Argentina?

–Bueno, malo, regular: eso no es lo decisivo. Lo curioso es que si yo fuera alemán o ecuatoriano probablemente no me preguntarían si el hecho de que viva en España tiene que ver con “la Argentina”. Pensarían que quizá es porque me interesan más cosas o porque me gusta la paella o porque me enamoré de una cabra andaluza. Qué curioso, ¿no?