CONTAR EL AUTISMO EN RADIO: LA HISTORIA DE CINTIAY SU HIJO LAUTARO QUE RECORRE EL MUNDO EN FORMATO PODCAST

(Argentina) Una productora de Radio Nacional enseña y conmueve con su ciclo, “Ser iguales”, que aborda también diversas discapacidades.

Cuando Cintia Fritz empezó a estudiar periodismo, la radios vía Internet no existían. Tampoco existía en su mundo la palabra autismo.

La aventura de la producción periodística la llevó a trabajar en emisoras como América, El Mundo y FM Vale, a manejar la actualidad y el arte de “adelantarse” a algunos hechos, pero las certezas se derribaron hace cinco años, cuando nació Lautaro.

“Descubrí su autismo a los 11 meses, gracias a una entrevista a un neurólogo en Radio Mitre. Me di cuenta que Lauti cumplía todos esos tips, pero llamé a la pediatra y me dijo que era muy chico para detectarlo”, recuerda. “Está lleno de médicos que no saben sobre el tema. Fuimos a otro pediatra y cuando llegó la confirmación yo ya lo sabía. El primer año me dolía todo demasiado. Hay una pregunta que te hacés constantemente: ‘¿Qué va a pasar con él cuando yo me muera’?”. 

Un blog fue su catarsis. Y el disparador de un canal de concientización. Encuadernadora artesanal además de comunicadora, lo que hace radiofónicamente también es artesanal. Y conmovedor. Cita a la humorista Stella Young, quien habla de “la pornografía de la discapacidad”: tomar “erróneamente como excepcionales o superhéroes a personas que enfrentan ciertas cuestiones”.

El podcast Autismo real, que Fritz (43 años) se puso al hombro en la plataforma Wetoker durante cuatro meses, aún están “colgado” en la nube. Ahora, coordinadora de contenidos de discapacidad en Radio Nacional (AM 870), encara la segunda temporada de su ciclo Ser iguales, que se emite mediante la página de la emisora y es más que el zoom en el autismo: ahonda en la discapacidad desde todos los ángulos. “El programa más logrado se llama Los monstruos de la discapacidad, una idea que siempre me rondó: que los monstruos de los cuentos están inspirados en personas con deformidades o discapacidad, los diferentes”, juzga.

En su cruzada gigante, Cintia acaba de meterse en una cárcel de máxima seguridad en el partido de San Martín para contar el mundo de los internos que realizan talleres de braille a modo de “encauzar su energía y para reparar de alguna forma el daño que han hecho”.

En su web (laventuradiferente.blogspot.com), vomita verdades que luego también vuelca en los podcast. Honestidad brutal. Puñales que otros no se animarían a decir ni a escribir: “Muchas veces no comprendo ni la existencia de mi hijo ni la mía. No sé qué hacer con él”. “No es que no lo considere un ser humano, sólo que me resulta un ser humano lejano y difícil”. “Me duele él. Me duelo yo”. “No quiero sentir que la muerte es un alivio. Quiero vivir. Quiero que él esté vivo, pero no quiero esta vida. Quiero a mi bebé conmigo todo el tiempo y también me asfixia”.

-¿La radiofonía se encarga de esconder bajo la alfombra esos temas o es más piadosa o didáctica que la TV?

-Yo creo que ningún medio aborda bien el tema. Todas las notas que he leído o escuchado hablan de casos excepcionales de un chico con autismo o con síndrome de down que logró una medalla de oro. Eso es maravilloso, pero peligroso.

-¿Por qué?

-Porque que un chico con autismo pinte como Monet ocurre, pero es una excepción. Y es una gran decepción para la mayoría de los padres. Tomar la discapacidad solamente desde el lugar de la historia de superación me parece pobre e injusto con el resto. La diaria es otra cosa y a veces sos un héroe solamente con haber tomado una decisión. Por ejemplo: yo ya tomé la decisión que después de la sala de 5 Lautaro no vaya a una escuela común. Se va a ver invadido por los estímulos. No va a estar bien. Lo vamos a perder. Tiene que ir a un centro educativo terapéutico. Esos lugares no otorgan título, pero no importa, porque lo que necesitamos es que él aprenda a funcionar en el mundo.

-¿Cómo definís el autismo de una manera menos científica y más humana?

-En general la respuesta de los especialistas es que se trata de personas con dificultades para la comunicación y las relaciones interpersonales y con ciertos problemas sensoriales. La verdad que en la vida diaria esas características se traducen a cientos de cosas que nadie cuenta. La falta de flexibilidad para elaborar una sorpresa, el cambio para alguien con autismo es complicado. Para nosotros: cambiar el recorrido del paseo de una cuadra a otra. Otra dificultad: dejar los pañales. Un chico con autismo atraviesa una línea de altibajos y su maduración no corresponde a su edad. Por ejemplo: los chicos de cinco años preguntan en el jardín como en una especie de inquisición: ¿Por qué, por qué? El otro día le preguntaban a la maestra de Lautaro: ‘¿Por qué Lauti usa pañales y por qué no mastica las galletitas?’. Y otro saltó y preguntó: ‘¿Seño, por qué lee mejor que nosotros?’

-Te mostrás muy vulnerable en tus redes y en los podcast y eso genera gran empatía: la aceptación de tu debilidad. 

-Es que vivir con Lautaro no es un paraíso. Mi marido y yo estamos encajados en ese problema y resolvemos diariamente los desafíos que se nos plantean. Leerlo cuando era más chico era sencillísimo. A medida que crece empieza a tener otras necesidades y a encontrarse con sus problemas. Y se nos hace un lío enorme. Entra en crisis por no poder explicarme lo que quiere y, entonces, entro en crisis yo. Y es un círculo.

-Desde tu vivencia: ¿Qué remarcás en tus podcast como enseñanza a otros padres?

-Hay tres cosas que me parecen fundamentales y que aún a mí me cuesta aprender. Uno: que no traten de prestarle tanta atención a lo que dicen padres con hijos adultos con autismo. Porque los enfoques de antes son diferentes a los de hoy. Dos: si es autismo, siempre mejora. El camino nunca es para atrás. Y tres, lo central: los padres no nos cuidamos nada. Pensamos que lo importante es atacar el problema, llevar, traer, estar para él full time, intentar técnicas en tu casa a toda hora. Terminás con un chico recontra contenido y con nosotros fritos en el camino.

Día Mundial del Autismo: 2 de abril