(ES) Inteligencia artificial y periodismo: así se transforma Bloomberg

Automatización, eficiencia, colaboración entre humanos y máquinas y aumento de los estándares de calidad del periodismo. Así ve el editor de Bloomberg Chris Collins el impacto de la tecnología en los medios. Un futuro híbrido

Cómo está la inteligencia artificial cambiando las noticias? ¿Qué implicaciones tiene para los periodistas y para el público la emergencia de nuevas tecnologías, plataformas y formatos? ¿Cómo se está innovando en el arte de contar historias? Detrás de todas estas cuestiones, un hombre: Chris Collins, editor ejecutivo del área de noticias de última hora de Bloomberg.

Tras dirigir las oficinas de Bloomberg en Europa, Oriente Medio y África, y Asia-Pacífico, Collins volvió hace cinco años a la sede central del conglomerado mediático en Nueva York (Estados Unidos). Allí no solo supervisa las noticias de última hora, también los equipos dedicados a los diferentes mercados y la cobertura global. Además, coordina a los diferentes grupos que trabajan en la implementación de nuevas tecnologías para la redacción y en procesos de automatización.

“Necesitamos ser los primeros en dar los titulares y las noticias que tendrán un efecto en los mercados de valores. Nuestros lectores dependen de que seamos precisos y exhaustivos, pero también de que lleguemos antes que nadie”, aseguraba Collins recientemente durante su ponencia en Festival Internacional de Periodismo en Perugia (Italia).

El editor sostiene que la inteligencia artificial (IA) les está ayudando a ser más rápidos en contar la última hora sin perder rigor. Su bot Cyborg, les ayuda a gestionar eventos que son repetitivos y noticias factuales como las que se dan a menudo en las áreas de finanzas -por ejemplo, con los reportes periódicos de ganancias corporativas- o deportes, con información en tiempo real sobre el progreso y resultados de las competiciones en juego. Y lo hacen en múltiples idiomas al mismo tiempo. “También podemos usarlo para detectar cualquier anuncio corporativo o cualquier noticia que venga en un formato predecible, y todo este procesamiento ocurre en milisegundos”, afirma Collins.

Otras tareas repetitivas que intentan abordar mediante IA son la traducción y la transcripción simultánea de entrevistas. Esto permite -dice Collins- ahorrar tiempo y acelerar la cobertura. “El software puede escuchar a un número ilimitado de personas en teleconferencias y transcribirlas. Y las traducciones son cada vez más precisas. Esto supone un valor añadido inmediato”, afirma.

La automatización también está ayudando a Bloomberg a reducir el factor ‘ruido’ por exceso de información, un problema para periodistas y público. “En un mundo infoxicado e hiperacelerado, el reto es encontrar lo relevante”, afirma Collins. Para ello, el ángulo de los datos es crítico. En él navega su software de automatización, que permite detectar discrepancias y advertir al periodista de hechos únicos o detectar tendencias. También cuenta con un sistema de escucha y análisis de contenido en redes sociales que clasifica los temas relevantes y genera recortes de noticias, entre los cuales la redacción de Bloomberg selecciona qué es relevante para su comunidad, es decir, para los mercados financieros.

Collins señala que la tecnología les incentiva, asimismo, a repensar y reformatear el contenido en función de qué es más adecuado para cada historia (un gráfico, una imagen, un vídeo, un post…). Innovación narrativa tecnológicamente asistida.
Juicio humano

Como no todo podía ser bueno, Collins advierte de los riesgos y limitaciones de la automatización de la redacción. El primero y más obvio: que los periodistas acaben siendo reemplazados por máquinas. El editor insiste en que la función de estas es ayudarles y hacer que su trabajo sea más fácil y rápido. Además, incluso aunque ese fuera el propósito, la tecnología no está preparada para ello. “La IA no tiene juicio, necesitamos el criterio humano en las noticias”, afirma.

Otra de las limitaciones del software ‘inteligente’ es que no es muy bueno en los matices. “Si un comunicado de prensa es vago o dice algo cuando en realidad quiere expresar lo contrario, el sistema no es capaz de leer entre líneas”, comenta. Esto plantea un desafío, ya que la información más valiosa a menudo es cualitativa y no cualitativa, por lo que necesita un humano para interpretarla. “Cada vez hay más tecnologías que tratan de analizar este tipo de cosas, especialmente cuando hay emociones de por medio, pero están lejos de ser buenas”, asegura. Esto no quita, claro, que puedan serlo en un futuro.

Por otra parte, si bien la automatización puede ayudar a reducir el factor ruido, también puede amplificarlo. Por eso hay que ser muy cuidadosos con lo que se publica de forma automática para no acabar siendo una máquina de spam o noticias basura. “Al final, seguimos necesitando a un periodista que juzgue si algo merece ser publicado”. Además, plantea el deber ético de informar sobre quién ha producido cada noticia: si ha sido un bot, un humano, o una combinación. “Debemos insistir en la necesidad de transparencia en este sentido”, recalca.

Otro aspecto al que hay que prestar atención es la calidad de los datos: asegurar que sean limpios y fiables, y que no estén sesgados, especialmente cuando hay poca transparencia en la información. “Debemos estar atentos a la calidad de las fuentes y esto puede ser difícil porque las fuentes cambian todo el tiempo y se actualizan constantemente”, reconoce Collins.

En cuanto a la inteligencia artificial, el editor menciona el creciente problema no ya de la desinformación y las noticias falsas sino de los llamados deepfakes, que emplean sistemas de aprendizaje profundo para generar sofisticadas falsificaciones -en especial de vídeos o imágenes- que no son obvias a simple vista. Al mismo tiempo, esta tecnología puede ayudar a detectar contenido falso o a verificarlo, pero el factor humano sigue siendo necesario en el proceso. “La IA nunca será un sustituto del juicio humano. Esta reflexión es una constante en nuestro trabajo. Además, la automatización de los medios no sería posible si no hubiera periodistas detrás entrenando a estos sistemas y revisando el proceso”, asegura.
Futuro híbrido

Para Collins hay tres conclusiones claras. La primera, que sugiere como idónea, es que el futuro de las redacciones sea híbrido: humanos y máquinas colaborando, trabajando juntos. Un flujo de trabajo periodístico asistido por máquinas. Su segunda conclusión es que las contrataciones en los medios de comunicación deben hacerse teniendo en cuenta la necesidad de perfiles que lideren la transformación, y la adopción y traslación de la tecnología a la redacción.

Por último, Collins señala que hay que ver la automatización en términos de calidad y de velocidad, que a veces lleva –reconoce- a hacer cosas que realmente no son necesarias pero que el mercado exige para seguir siendo competitivos como medio, para sobrevivir. “En términos de motivación es emocionante y desde un punto de vista de negocio, de cara a los suscriptores, no puedes no hacerlo”.

El mensaje del editor de Bloomberg es positivo: “A medida que la tecnología mejora, el periodismo tradicional también lo hace. Se eleva el listón para los reporteros, que tienen más tiempo y oportunidades para hacer lo que quieren, para escribir informaciones relevantes en lugar de dedicarse a tareas repetitivas. Los periodistas no quieren ser robots, quieren ser cazadores de grandes historias”, concluye.