LA TV PÚBLICA ES MÁS QUE TVN

La renuncia del presidente de TVN, Francisco Orrego, parece un paso más hacia la tumba. Varios auguran que TVN ya no es sustentable: la magnitud de su público y avisaje no alcanzan. Y el fondo de emergencia de US$ 25 millones autorizado por el Congreso, no se puede usar para pagar deudas ni gastos corrientes. Orrego tenía razón en exigir claridad sobre el uso de estas platas, pero ellas no solucionan el problema. ¿Qué hacer al respecto?

Lo primero es separar a TVN del concepto de televisión pública. Lo que justifica la existencia de esa empresa estatal es una serie de principios de bien común: información veraz, balanceada, plural; que contribuya a la paz, la democracia, la identidad nacional, incluyendo a minorías y pueblos originarios. También creación de contenidos de calidad “Made in Chile” en sus diferentes formatos: espectáculo, ficción seriada, entretención, reportajes. Y los públicos vulnerables, como niños o ciertos segmentos de la tercera edad, aprecian la compañía y gratificación de contenidos adecuados a sus necesidades.
Existen, además, efectos indirectos, como prevenir que se consoliden oligopolios privados. Estos argumentos están vigentes en las mayores democracias mundiales y constituyen consorcios públicos que están entre los más grandes del mundo: Japón (US$ 67 mil millones), Alemania (US$ 30 mil millones), Francia (US$ 26 mil millones), Reino Unido (US$ 14 mil millones), entre otros.

Sin embargo, TVN no ha sido capaz de cumplir todos los objetivos, incluso antes de las pérdidas económicas que empezaron a escalar en 2014. Nunca podrá hacerlo, porque se trata de una gama demasiado amplia de expectativas sociales achacadas a una sola empresa.

El Estado, dueño de TVN, es el responsable de procurar el bienestar colectivo en salud, educación, defensa, justicia y otras áreas. Lo hace con tres herramientas: regulación, subsidios y producción directa. El concepto de TV pública las combina todas.

La crisis de audiencia y avisaje que sufre hoy TVN hacen muy difícil su supervivencia sin apoyo fiscal y un recorte radical de sus costos. Pero eso no basta. El Estado tiene que integrar las tres herramientas mencionadas para conseguir los beneficios sociales indicados arriba, aprovechando que hay grandes actores privados, un CNTV, una Subtel, compañías de telecomunicaciones e Internet, además de TVN. Todos ellos combinados deben generar objetivos de bien común; no sólo una empresa estatal en virtual bancarrota. Incluso, si TVN desapareciese, no debieran desaparecer los principios que la sustentan.