9 reflexiones de Fontevecchia, Verbitsky y Neilson sobre periodismo en dictadura y democracia

Aunque quizás tengan una mirada diferente acerca de las soluciones posibles, Horacio Verbitsky y James Neilson comparten algo más importante a la hora de entender la labor y la pasión periodística: saben que los problemas a los que se enfrenta su labor son similares. Y sabido es que en esta tarea las preguntas atinadas son aún más relevantes que las respuestas. Tal fue el espíritu del reportaje público que se hizo en la Sala Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional.

El reportaje lo hizo el presidente de PERFIL Network, Jorge Fontevecchia. El tema fue “El periodismo en la dictadura, a 35 años de la Recuperación de la Democracia”. Y allí apareció otro de los temas en común entre ambos colegas: tanto Verbitsky como Neilson ejercieron su labor en los años que van del 76 al 83 en la Argentina. Ambos (y Fontevecchia también) padecieron la presión y represión de la dictadura de Videla y sus continuadores. Pese a eso, los tres encontraron la manera de expresar sus ideas. Y de contar lo que sucedía. Neilson lo hizo desde el Buenos Aires Herald, Verbitsky —que explicó por qué no se fue, pese a su militancia en Montoneros— a partir de publicaciones clandestinas que él mismo hacía.

Quizás esta sea la causa de por qué los dos entrevistados ven el presente con una mirada general. Por eso, su consejo a los jóvenes periodistas también coincidió: “sepan que nuestra cultura tiene 3000 años. Estudien otras civilizaciones. Yo he dedicado parte de mi vida a entender la cultura japonesa y me sirvió mucho”, dijo Neilson. “Cuando me piden consejos —agregó Verbitsky— digo: estudien latín. Es un poco en broma, pero no tanto”. La cultura, tal como lo dijo Fontevecchia, citando a Walter Benjamin es una apelación al presente. A los presentes sucesivos que están detrás de cada palabra, de cada noticia.

Luego de la presentación de Rodrigo Lloret, el responsable de PERFIL educación y de un mensaje de Robert Cox en el que se destacó la necesidad de la ética entre los periodistas —”defender los derechos humanos es aún más importante que compartir las ideas”, dijo— comenzaron las preguntas. Aquí algunas ideas claves para entender tanto lo que pasó en las distintas dictaduras argentinas como el presente.

De la dictadura a hoy

Jorge Fontevecchia abrió el debate citando un texto de Rodolfo Walsh que distribuía Verbitsky en la dictadura: “Divulgue esta información. Hágala circular por los medios a su alcance. A mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Nueve de cada diez lo estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote al terror. Haga circular esta información”.

  • Horacio Verbitsky: “Este año se cumplieron 50 del lanzamiento del semanario CGT, el diario de la Confederación General del Trabajo. Y si recuerdo. Y recuerdo muy bien, las dificultades que teníamos para producir eso entonces y lo comparo con las dificultades que tengo hoy para producir ‘El cohete a la luna’, la verdad es que debo decir que estamos en el paraíso comparativamente. Hay mucha quejosidad ambiente. El personaje nacional no es Martín Fierro. Es más bien, Don Quejote”.

    • Horacio Verbitsky: “El 76 es otra cosa. La Argentina tuvo hasta el 83 más gobiernos elegidos por las botas que por los votos. De 1930 al 83, hubo por lo menos un golpe militar por década. Y a veces, hasta tres, porque era el golpe dentro del golpe. En esas condiciones, el periodismo podía florecer solamente en los márgenes. Solo alguien que se pusiera afuera y contra de todo eso. Como Rodolfo Walsh, que escribió las mejores cosas del periodismo argentino en pasquines totalmente marginales. Y luego lo recopiló en libros. A partir del 83, esa contradicción se pudo ir atenuando. En el 76 no hubo límite para la violencia”.
    • Horacio Verbitsky: En un país en el que cada golpe militar fue más sanguinario que el anterior y donde cada período democrático fue solamente un interregno entre golpes, no pudo florecer un buen periodismo. Es imposible: para que haya buen periodismo hace falta para respirar. Y no había ese aire. Ahora las dificultades son de otro tipo. Tienen más que ver con lo económico. Aunque existe la censura directa directa. Más embozada. No hay un oficina que se ocupe de esto, que aprueba o no lo que se publique. Pero sí hay llamados telefónicos advirtiendo. O frases como “el país estaría mucho mejor si pudiéramos meter en un cohete a 562 personas y mandarlas a la luna”. Claro que ahora tenés la oportunidad de subirte solo al cohete”.
    • James Neilson: “Rober Cox y yo compartíamos la misma filosofía, liberal. Liberal en un sentido clásico: la necesidad de defender los derechos naturales del hombre. Respetos que hay que respetar. Además de ponerse en el lugar del otro. Y aplicamos ese mismo modelo frente a lo que ocurría. En aquel momento, los militares nos ofrecieron un pequeño resquicio, como para poder decir lo que pasaba. Porque sus intenciones manifiestas eran restaurar la democracia, el respeto a la ley, la lucha contra el terrorismo bajo la tutela de la justicia. Desde ahí es que pudimos insistir en que los militares se pusieran a la altura de su propia retórica”.

    • James Neilson: “La Prensa fue un medio que también publicó noticias. Me acuerdo cuando leí con mucha sorpresa un artículo de Manfred Schönfeld. El inicio con un verso que decía “De noche, cuando pienso en Alemania, no puedo reprimir mis lágrimas”. Era un artículo muy bueno, sobre el dolor que le producía lo que pasaba aquí. Creo que en castellano fue el comienzo de un cambio que poco se fue produciendo”.
    • Horacio Verbitsky: “No solo ese artículo. Uno puede entender que eso formaba parte de los movimientos en la propia dictadura. Había líneas internas. Son todas las cosas que hay que analizar. Incluso, antes de Schönfeld, La Prensa dio claves para entender lo que pasaba. Incluso hizo cosas que merecerían investigaciones. Por ejemplo, cuando secuestraron a Timerman en el 77, la prensa hizo una tapa cuyo título principal decía algo así como que “Timerman confesó ser sionista”. Y transcribía parte del interrogatorio que había hecho Camps. Era ostensible que de parte del diario había afinidad con Camps. Pero fue un golpe demoledor para la dictadura. Porque se estableció que era un gobierno antisemita”.
    • Jorge Fontevecchia: “Uno de los temas que aparecen en el libro Periodismo y Verdad es por qué Perón conficó La Prensa y no La Nación. Claudio Escribano hace unas consideraciones sobre el tema. La Prensa era como El Clarín de esa época. Y es algo que se ve ahora. La Prensa también tuvo algo de una actitud liberal durante la dictadura. Lo que me lleva a preguntar si finalmente esa actitud más liberal de La Prensa fue la que lo llevó a ser primero estatizado y luego a perder significancia en el tiempo. Si Clarín  La Nación no fueron menos dogmáticos”.
    • Horacio Verbitsky: “Creo que las redes sociales hacen el trabajo de difusión mucho  más fácil. Y plantean desafíos nuevos, distintos. Es la vieja idea de cómo esconder un elefante entre una manada. En la dictadura lo que regía es la censura. Hoy lo que rige es la información en la superabundancia. Hoy tenés a disposición una cantidad de información que antes no tenías. El tema es cómo la encontrás en primer lugar. Y en segundo lugar, una vez que la encontráste, es cómo valorás la importancia que tiene y no te distraés viendo las tonterías con las que tratan de distraerte”.

    James Neilson: “Llegué a Argentina y me encontré con un periodismo mucho más libre que el que había en Oriente, de donde venía, Irán. Y también con una realidad para mí mucho más comprensible. En Irán me era todo ajeno. Acá, al contrario, me sentí en casa. La dictadura de Onganía era no blanda, sino ridícula. Se obsesionaba más con la moral de la gente: con la barba, lo que pasaba en las discotecas, las faldas de las mujeres. Cosas así. Me encontré con que los grandes medios hacían un periodismo mediocre, gris, chato. Muy solemne, muy pomposo”.

Fuente: Perfil.com