Silencio cómplice de medios y periodistas en Junín

Cuando los medios periodísticos y sus trabajadores están silenciados, la democracia está en problemas. No se trata de censores, como en la época del Proceso. En Junín, al menos, hay otras dos alternativas: “adornar” con sobres jugosos a los responsables editores para que las noticias que aparezcan sean las ‘correctas’, o amenazar sin siquiera ponerse colorado.

Según un informe del Semanario de Junín, el intendente Pablo Petrecca utiliza los dos mecanismos desde su llegada al gobierno.

Lejos quedó la época en que se sentía víctima por no haber podido hablar en un programa radial antes de las elecciones del 2015 porque le prohibieron la entrada, hoy ese programa (y el “grupo” que lo contiene) es el más amigo y condescendiente con su gestión. Es que cambia, todo cambia… él ya no es sólo un edil, el conductor no sólo es un locutor y los directores fueron yendo y viniendo.

Así, el panorama se replica en otros horizontes periodísticos locales. En esos es más fácil reinar, porque ante alguna voz que no caiga simpática, solamente hay que mandar el mensaje de que la pauta oficial será bajada.

Eso alcanza y sobra para encauzar nuevamente los elogios y aplausos, y dejar de lado a cualquiera que pudiera advertir sobre una realidad que no debe verse. Y ya sabemos que lo que no se ve, no existe.

Por eso, los precarizados trabajadores de prensa le acercan el micrófono a Petrecca, quien sale a defender a su familia con los tapones de punta, valiéndose de su cargo y su poder, amenazando y hasta advirtiendo que habrá censura previa… pero a ninguno se le ocurre repreguntar o cuestionar. Como ovejas, graban y se van. A la par de los verdaderos empleados municipales de la oficina de Prensa.

Todos saben que una de las características centrales de la personalidad del intendente es su desconfianza. Salvo escasísimas personas de su entorno que constituyen la excepción, necesita “supervisar” todo.

No deja que nada se mueva sin que lo sepa, aunque sean áreas fuera de su conocimiento. Así es como lo vemos recorrer obras públicas o influir en la comunicación oficial. No es ingeniero ni comunicador social, pero ¿quién lo puede contradecir?

Y así como se maneja en su terruño privado, el municipio, quiere controlar todo el reino. No soporta las críticas, ni los pedidos, ni las recomendaciones… por eso, a pesar de lo que había prometido, fue cerrando poco a poco las puertas de la casa de todos los juninenses, llenándola de policías en la puerta y evitando el diálogo con cualquiera que le diga algo que no le gustaría escuchar.

Así se sigue rodeando de la gente que jamás lo contradice. No es lo mejor, porque solamente puede cambiarse el rumbo equivocado con un análisis descarnado y no con frases ficticias de alcahuetes esmerados. Y el camino que eligió el señor intendente, no pareciera ser el indicado.

Si tanto énfasis puso en defender a su hermano, ¿por qué no aprovechó la ocasión para contarles a los juninenses la diferencia existente en las declaraciones juradas suya y de la diputada Laura Ricchini?

Porque le vendió mucho más cara la casa de República Libanesa a lo que ella declaró que la compró… esa diferencia, ¿no merecería actuar con el mismo fervor y ponerse a disposición de la Justicia? Porque ahí no se trata de “medios opositores”, sino de su propia palabra, el monto que él mismo declaró.

Tampoco habló jamás de los sobreprecios en la compra de la nafta, en las licitaciones “a dedo” que favorecieron a amigos de su iglesia familiar, no salió nunca a explicar sobre las “addendas” –palabra que aprendimos durante su gobierno- ni se lo ve tan preocupado cuando llueve y los vecinos no pueden salir de sus casas, porque las calles de tierra están igual o peor que tres años atrás.

La transparencia no se proclama. Jamás. Existe o no. Y en esta agua turbias, aunque le hagan creer que todo es cristalino, no se ve el fondo. Aunque a través de sobres o amenazas haya logrado que los medios periodísticos se lo dibujen así. Debe tener en cuenta que nadie les cree.